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“Yo conduzco rápido pero bien”. No, probablemente no lo haces.

Yo conduzco rápido pero bien es una de las estrellas de la conversación del verano, en dura competencia con “la paella de marisco es arroz con cosas” y  “yo soy más de montaña que de playa”.

En drive&win no somos expertos en gastronomía o turismo pero sí en buena conducción, así que vamos a darte unos cuantos argumentos para que puedas rebatir a ese genio del volante que piensa que ir a 140 por autovía es lo normal.

Los límites de velocidad en las carreteras existen por muchas razones: estado de la calzada, trazados con curvas y pendientes, permitir la incorporación segura de otros vehículos, etc. Pero independientemente de toda situación y vehículo hay un factor que siempre está presente:  la distancia de reacción y frenada.

La distancia de reacción son los metros que recorres desde que percibes un peligro hasta que actúas en consecuencia.  Hay muchas discusiones acerca de cuánto tiempo necesitas para reaccionar, pero podemos guiarnos por las cifras de la DGT y aceptar un segundo como media. (Este tiempo aumenta con el cansancio, la edad,  la mala visibilidad y las distracciones).

En ese segundo, recorrerás:

  • A 50 km/h, 14 m (más de lo que mide un camión normal de 4 ejes).
  • A 90 km/h, 25 m (la longitud de la piscina de un polideportivo).
  • A 120 km/h, 33 m (tardarías 40 sg en caminar esa distancia).

 

Diagrama de la DGT sobre distancias de reacción y frenado
Diagrama de la DGT sobre distancias de reacción y frenado

Un segundo parece poco tiempo, pero piensa que durante ese tiempo tú no estás haciendo NADA. Solo sigues avanzando a la misma velocidad. Entonces pisas el freno, pero tu coche no se detiene instantáneamente, sino que también recorre una distancia que depende del estado de los frenos, el peso del vehículo y las condiciones de la calzada.

La distancia de frenado a 90 km/h es de 32 m en buenas condiciones y unos 64 m con la calzada húmeda. Pero atención, resulta que ir el doble de rápido no implica recorrer el doble de distancia de frenado, sino mucho más. (No vamos a profundizar en la física del asunto, pero puede resumirse en que la distancia aumenta con el cuadrado de la velocidad. Y claro, 100 al cuadrado es cuatro veces 50 al cuadrado, no el doble).

El resumen de todo esto es que la distancia que necesitas para detenerte ante un imprevisto aumenta muchísimo cuando corres. Los límites máximos de velocidad de las carreteras y calles están calculados pensando en estos factores, incluyendo elementos de los que no eres consciente, como una curva peligrosa a 300 m, una retención frecuente o un colegio cercano.

Por muy buenos reflejos que tengas, tienes más en común con Sheldon Cooper que con Flash. Tu coche tampoco es el Batmóvil  (capaz de frenar en seco, que para eso es un vehículo de ficción).

Y tampoco el del colega que está presumiendo de lo bien que conduce aunque le pise “un poquito por encima de lo que marca la señal”. Así que, por su seguridad y por la tuya, pásale el enlace a este artículo. Y anímale a ser un buen conductor. Además de contribuir a que las carreteras sean mejores para todos, podrá asegurarse con drive&win y ser recompensado por conducir bien.

 

Sheldon Cooper y Flash
Todos somos más Sheldon que Flash. Es lo que hay.

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